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El vehículo eléctrico y la defensa de lo indefendible: una explicación psicológica




IMAGE: Tesla

El éxito de uno de mis artículos sobre Tesla, que superó largamente el medio millón de lectores y fue durante dos días el contenido más leído en la edición norteamericana de la revista Forbes, llevó a una lectora a sugerirme, a la luz de los argumentos empleados en Twitter por quienes se resisten al cambio tecnológico en la energía, que recurriese al marco conceptual de la psicología de la negación para tratar de explicar las razones que llevan a muchas personas a insistir en argumentos agotados, incluso a sabiendas de su demostrada falsedad, para tratar de negar públicamente la evolución de la tecnología.

La transición de los automóviles hacia la electricidad es un hecho completamente evidente e inevitable, abundantemente estudiado por autores como Tony Seba: simplemente, el paso de una tecnología obsoleta, sucia y de enorme complejidad, el motor de combustión interna, a una sensiblemente más straightforward, más económica en su fabricación, en su uso cotidiano y en el coste total de propiedad, muy advantageous en sus prestaciones y, sobre todo, muchísimo más barata y, obviamente, más limpia. Sin embargo, las reacciones habituales de muchas personas cuando leen acerca de los vehículos eléctricos son la negación radical de esa serie de ventajas objetivas e indiscutibles, generalmente utilizando argumentos falsos, absurdos o que han sido ya abundantemente desmentidos en numerosas ocasiones.

Una tipología sencilla de este tipo de argumentos los dividiría de la siguiente forma:

  • «Los vehículos eléctricos contaminan igual que los de combustión, porque utilizan energía que proviene de combustibles fósiles, y por tanto, solo trasladan la contaminación«. El argumento, conocido como «teoría del tubo de speed largo«, ha sido completamente desarmada en numerosas ocasiones por múltiples estudios científicos, y sin embargo, sigue siendo esgrimida de manera routine, como si se tratase de algún tipo de dogma o verdad religiosa.

  • «La fabricación de los vehículos eléctricos es muy contaminante«. Otro argumento absurdo, dado que la fabricación de un automóvil eléctrico es, en primer lugar, sensiblemente más sencilla que la de uno con motor de combustión interna, y además, las compañías que los fabrican suelen ser especialmente cuidadosas en ese sentido con sus procesos.

  • «Los componentes de la batería son peligrosísimos, muy escasos, y crearán contaminación«. Otro argumento que califica como completamente ignorantes a los que lo esgrimen: el litio, el cobalto y otros componentes de las baterías actuales pueden tener mala prensa debido a las características de algunos de los países que los obtienen mediante la minería, pero la realidad, lo verdaderamente significativo, es que no se queman ni se destruyen a la hora de llevar a cabo su función de acumulación, ni mucho menos producen vapores que nos veamos obligados a respirar. Las baterías pierden rendimiento a lo largo del tiempo (mucho menos de lo que algunos pretenden), pero aún así, siguen sirviendo para otros usos, y sus componentes son reciclables mediante procesos cada vez más eficientes. Pretender ver el litio o el cobalto como algún tipo de residuo nuclear peligroso es, simplemente, una estupidez carente de sentido. No lo son. Por otro lado, la tecnología de desarrollo de baterías está en continua y rápida evolución en términos de coste, materiales y eficiencia, y sigue la línea routine de los componentes tecnológicos: cada vez son mejores, más baratas y más eficientes.

  • «Las recargas tardan muchísimo tiempo y eso hace los vehículos eléctricos poco prácticos para viajar«. Otro mito, que comienza con suponer que todos debemos tener vehículos para un uso, los viajes, completamente ocasional, y sigue por citar «historias de fear» de usuarios que tardaron horas y horas en llegar a sitios. La realidad es que una recarga puede producirse tanto más rápido cuanto mayor sea la potencia suministrada, que la mayoría de las recargas en supercargadores de Tesla – cada vez más abundantes – dura un promedio de diez o quince minutos, un tiempo perfectamente planteable para descansar tomando un café, y de nuevo, que la tecnología que permite recargar las baterías de manera más rápida y eficiente está en rápida y continua evolución. Y todo ello con una evidencia palmaria: que un vehículo eléctrico puede satisfacer el 90% de las necesidades de su propietario sin necesidad de infraestructuras de carga adicionales, simplemente recargando en su casa durante la noche.

  • «Vivo en una casa sin garaje, el vehículo eléctrico no es para mí«. En efecto, no es para ti. De hecho, no deberías tener un vehículo, porque la calle no es lugar para dejarlo. El aparcamiento en superficie, de hecho, debería estar prohibido, porque supone un uso impropio del espacio público: incómodo, antiestético e ineficiente. Pero no te preocupes, no estarás solo: en 2030, el 95% de los usuarios no tendrán vehículo propio, la industria habrá pasado de un modelo de propiedad a uno de servicio, y las ciudades serán lugares infinitamente más agradables, que además no envenenarán sistemáticamente a sus habitantes.

  • «La infraestructura de los países no permite la recarga de tantos vehículos eléctricos«. Otra mentira, desmontada ya en numerosas ocasiones por operadores y reguladores eléctricos de diversos países. Las cuentas de servilleta y las apelaciones a la condición de ingeniero de quienes se atreven incluso a rebatir los argumentos de los reguladores del mercado de electricidad solo son una prueba más de ignorancia cerril.

  • «No hay suficiente infraestructura de carga todavía«. El típico caso de argumento circular, personas que te cuestionan cómo vas a hacer cuando los cargadores eléctricos tengan largas colas de vehículos esperando. Es sencillamente absurdo, y enormemente simplista: como en todo mercado, oferta y demanda tienden al equilibrio. A medida que se venden más vehículos eléctricos, hay más jugadores interesados en construir infraestructuras de carga, como de hecho se está demostrando en muchos países.

Mitos, mentiras y desinformación. Durante años, ese tipo de mitos fueron sistemáticamente alimentados por la industria del petróleo, ejerciendo un efecto de gota malaya, un mensaje que muchos, equivocadamente, se tragaron en su integridad. Pero ¿qué lleva a que personas supuestamente maduras e inteligentes sigan tercamente aferradas a esos argumentos cuando está perfecta y palmariamente demostrada su falsedad? Recordémoslo: o hablamos de opiniones: hablamos de argumentos y evidencias científicas. Pero cada artículo sobre el vehículo eléctrico sigue generando las mismas discusiones absurdas, como si a quienes mantienen esas posiciones les resultase imposible renunciar a ellas. ¿Qué tiene la psicología que decir a este respecto, en un momento en el que, a pesar de la caída en las ventas de vehículos en todos los países debido a la pandemia, los eléctricos parecen ser los únicos que están elevando, aunque sea lentamente, su cuota de mercado?

Para responder a esta pregunta, recurrí a mi queridísima colega de IE Industry College Margarita Mayo, doctora en Psicología y considerada una de las mayores expertas en la aplicación de la psicología al administration, al liderazgo y a la toma de decisiones. Aunque no es routine que abra esta página a otros autores, la oportunidad me pareció que podía aportar bastante al tema, aunque prevengo a mis lectores más habituales que la longitud del artículo es considerablemente mayor de lo routine.

A partir de aquí, la detallada respuesta de Margarita:


Tipos de negación

En el libro States of Denial, («Estados de Negación«) el sociólogo Stanley Cohen profundiza en las razones por las que “no hay peor ciego que el que no quiere ver” y propone una clasificación de tres formas de negación en las personas y la sociedad ante situaciones difíciles. Por ejemplo, la persona que no reconoce el diagnóstico de una enfermedad grave o los políticos que niegan la evidencia científica sobre el cambio climático. Estas tres formas de negar una realidad incómoda nos ayudan a entender la resistencia de mucha gente hacia el vehículo eléctrico:

  • La negación literal: Niegan los hechos y la evidencia. Se niega que los vehículos eléctricos sean menos contaminantes. Los primeros tres argumentos son ejemplos de este tipo de negación literal: la energía que utiliza el vehículo eléctrico proviene de combustibles fósiles y por tanto no sólo traslada la contaminación, la fabricación es contaminante o los componentes de la batería crean contaminación.
  • La negación interpretativa: Aceptan los hechos, pero niegan la interpretación o importancia de los mismos. Por ejemplo, se acepta que el vehículo eléctrico es menos contaminante, pero se niega que esto solucione el problema de la contaminación porque su uso no es práctico. En este tipo de negación se manipula el lenguaje y el significado para restar importancia y legitimidad a la energía eléctrica como un sustituto válido al coche convencional.  Se crean eufemismo, en este caso, el más común es la falta de infraestructuras para la recarga de tantos vehículos eléctricos. El cuarto y quinto argumento son ejemplos de negación interpretativa. La persona rehúsa utilizar el vehículo eléctrico y desplaza su negativa person a la sociedad por falta de infraestructura. 
  • La negación implicatoria: No niegan los hechos ni su interpretación, pero niegan las implicaciones personales, políticas y sociales de los mismos. Por ejemplo, no se niega que el coche eléctrico pueda ser más eficiente energéticamente y menos contaminante, pero se resiste a tomar responsabilidad para cambiar su conducta. Mucha gente simplemente piensa – “el vehículo eléctrico no es para mí.” Se niegan las implicaciones porque demandan cambios en un estilo de vida al que estamos felizmente acostumbrado. Esta actitud de resistencia pasiva ante los nuevos avances tecnológicos es la más frecuente. Los argumentos como, el vehículo eléctrico tiene poca autonomía, las recargas tardan mucho tiempo, o simplemente no tengo garaje, son ejemplos de negación implicatoria. 

En las noticias cotidianas del coche eléctrico es fácil identificar los procesos de negación en las tres dimensiones – literales, interpretativas e implicatorias. La forma más obvia de negación es la literal en la que se refutan los datos científicos. Sin embargo, la forma de negación más común es seguramente la implicatoria – se niega que el vehículo eléctrico forme parte de nuestra vida cotidiana. 

La negación como mecanismo de defensa

La negación es una tendencia muy humana que puede tener una razón evolutiva. ¿Es la negación una estrategia de enfrentamiento o un mecanismo de defensa? 

  • Estrategia de enfrentamiento. Un breve periodo de negación puede ser útil para procesar información nueva y adquirir competencias. Cuando se utiliza como un primer paso para ganar tiempo y adaptarse a la nueva situación o desafío la negación se puede considerar una estrategia de enfrentamiento. Desde el punto de vista evolutivo, este corto tiempo de negación nos da espacio y tiempo para prepararnos emocionalmente y aprender nuevos repertorios de conducta. 

  • Mecanismo de defensa. Sin embargo, cuanto la negación es permanente no ayuda, se convierte en un mecanismo de defensa que interfiere con el aprendizaje y te lleva al fracaso adaptativo. Ignorar y negar la realidad por mucho tiempo no es la mejor receta para el éxito. Por ejemplo, ¿qué pasa cuando una persona mira hacia otro lado cuando llegan las facturas de las tarjetas de crédito porque no tiene fondos en el banco y sigue comprando? Las consecuencias a largo plazo pueden ser desastrosas. Lo mismo ocurre cuando miramos hacia otro lado cuando llegan las nuevas tecnologías menos contaminantes. 

En general, la negación de la tecnología no se puede considerar una estrategia de enfrentamiento, sino un mecanismo de defensa, muchas veces inconsciente, para proteger nuestro estado de bienestar o incluso nuestra autoestima. 

La personalidad de la negación

La negación es una forma de autoengaño que la persona utiliza para protegerse de daños que percibe. Estos daños pueden ser tanto reales como imaginarios. Por ejemplo, hay gente que piensa que tardará horas y horas en llegar a los sitios con un vehículo eléctrico. Nos engañamos para mantener la ilusión de auto-control sobre el ambiente cambiante, nos engañamos para tener un sentimiento de autoestima asociado a nuestras habilidades y nos engañamos para mantener un sentido de continuidad con el paso del tiempo sobre nuestra identidad. No olvidemos que el coche es más que un straightforward vehículo de transporte, es también una seña de identidad y de estatus social. 

¿Hay gente más propensa a la negación que otros? El optimismo es un antídoto contra la negación. Estudios de personalidad han mostrado que la gente optimista tiene una mentalidad de cambio y auto-control que les hace estar más abiertos a la innovación y adoptar nuevas tecnologías. Los optimistas se dicen a sí mismos que ellos pueden aprender y ponen el esfuerzo para conseguirlo. Por el contrario, la gente pesimista es más propensa la negación. Los pesimistas sufren de “indefensión aprendida” o falta de control sobre la realidad porque piensan que no pueden hacer nada al respecto y la negación sirve como un mecanismo de defensa. 

Estrategias para superar la negación 

Para superar la fase de negación tenemos que entender las razones por las que se niegan los hechos, su importancia y sus implicaciones. 

  • Estrategias racionales. Esta estrategia del conocimiento está basada en la presunción de racionalidad: la gente no negaría públicamente la evolución de la tecnología si tuviera suficiente información. Sin embargo, no vamos a romper la resistencia a los vehículos eléctricos presentando exclusivamente evidencia científica y datos. La verdadera razón para la negación no es siempre literal, sino también interpretativa e implicatoria. Esto significa que para superar la fase de negación es necesario también utilizar estrategias emocionales y sociales.  

  • Estrategias Emocionales. La negación no es sólo un proceso racional sino también emocional. Una forma de convencer a la gente en contra de la negación es a través del altruismo. Para vencer las emociones de miedo y ansiedad que form el cambio, debemos presentar una alternativa donde se enfatiza las emociones positivas derivadas de ayudar a los demás. Una estrategia es apelar al bien común y a nuestra identidad como parte de una comunidad. Esto es lo que Cohen denomina “inclusividad” –  sentirse un ciudadano del mundo con un sentido de responsabilidad para mejorar el futuro de todos. 

  • Estrategias Sociales. La negación es más que un proceso psicológico person, es también una realidad social. El triple proceso de negación puede magnificarse a nivel social a través de mensajes negativos, interpretaciones sesgadas o implicaciones incómodas para el individuo y la sociedad. Todo esto nos lleva a una especie de “resistencia social” – un estado de escepticismo colectivo donde la negación se contagia. Por ejemplo, si pienso que los vehículos eléctricos son para una minoría elitista y no para gente como yo, estoy cayendo en una negación implicatoria que es una barrera a la adopción.  Para romper este círculo de negación es necesario que la gente que da el primer paso públicamente tenga credibilidad y sea percibida como “uno de los nuestros.” Los proponentes del cambio tecnológico en la energía tienen que ser modelos sociales visibles e imitables.

Las personas y la sociedad sufren procesos de negación ante situaciones desafiantes como la innovación tecnológica. Creamos nuestro “universo perceptual” y con esas lentes vemos la realidad. La psicología de la negación nos ayuda a entender no sólo las razones que llevan a muchas personas a resistir el cambio tecnológico sino también a vislumbrar estrategias para plantearnos llegar a convencerles de unas ventajas que, en último término, lo son para todos. 


This text is also on hand in English on my Medium page, «How psychology affords a formulation to beat the frequent denial of the benefits of electrical vehicles«





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