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Aprender de las crisis es una tarea fundamental




IMAGE: Geralt - Pixabay (CC0)

Cuando eres un académico sistemático que almacena en un repositorio las noticias que le parecen interesantes, y la realidad te aboca a vivir una disaster como la exact, el hecho de echar la vista atrás un mes y revisar cómo tu archivo ha ido registrando, mezclado con muchas otras temáticas, la crónica de los hechos puede ofrecerte una importante dosis de perspectiva.

Esa visión con perspectiva puede aportar bastante a la hora de reflexionar sobre las cosas. La primera evidencia es que, pese a vivir en un mundo conectado en el que la información fluyen prácticamente en tiempo accurate, ningún país ha aprovechado para aprender de la experiencia de los que iban por delante en la curva. La entire ausencia de un liderazgo mundial definido nos ha llevado a repetir errores uno detrás de otro, a retrasar las medidas de confinamiento necesarias para parar la pandemia, y a ver escalar los contadores de infectados y de fallecimientos, sabiendo además que, en casi todos los casos, hablamos de variables muy mal medidas. La falta de coordinación y liderazgo ha hecho que ni siquiera hayamos sido capaces de acordar una forma común de contabilizar los casos.

Según el país en el que vivas, es posible que estés viviendo los inicios de la disaster de salud pública, que hayas entrado ya en la fase exponencial de la misma, o que hayáis alcanzado o rebasado el pico de la expansión. Y hablamos, no lo olvidemos, tan solo de la disaster de salud pública: aún falta toda la siguiente fase, la disaster económica subsiguiente provocada por el brutal parón de la actividad.

¿Qué tenemos que aprender, como sociedad, de una disaster como esta? Las epidemias, indudablemente, retratan a las sociedades que las sufren. El desastre de los Estados Unidos, en el que los ciudadanos siguieron yendo a trabajar normalmente porque una gran cantidad de ellos, casi la mitad, perdían su trabajo si se quedan en casa, mientras evitaban ir al well being facility aunque tuviesen síntomas claros por temor a arruinarse o porque no tenían cobertura, lo demuestra claramente. El paradigma del mundo occidental ha demostrado ser un desastre insostenible, incapaz de proteger a sus ciudadanos ante una disaster, y liderado por un completo inútil. Aprender de la disaster implicará ser capaces de construir una red de cobertura social que proteja a los ciudadanos norteamericanos ya no ante otra pandemia, sino en su vida cotidiana.

La pandemia nos está ofreciendo una oportunidad de aprendizaje inédita: ver cómo reacciona nuestro mundo cuando nuestra actividad se detiene. Vincular la respuesta al coronavirus con la emergencia climática puede ser enormemente inteligente, sobre todo cuando vemos caídas brutales en los niveles de contaminación derivados de las drásticas medidas de confinamiento, pero no seamos ilusos: si no hacemos nada para evitarlo, esas caídas desaparecerán inmediatamente en cuanto reanudemos nuestra actividad. ¿Cómo mantener esos niveles bajos mientras reconstruimos la actividad económica? En realidad, la pandemia es una muy mala noticia para la emergencia climática, porque altera nuestras prioridades y nos distrae con noticias falsas que pretenden que, supuestamente, la naturaleza es capaz de recuperarse de la influencia humana en pocos días.

No, no es así. Si queremos recuperarnos de la pandemia aprovechando, además, para intentar corregir una parte de los factores que nos abocan a una emergencia climática habrá que plantear muchos cambios. Las voces que abogan por no rescatar a las empresas de cruceros turísticos lo han entendido claramente: hablamos de compañías enormemente nocivas, de una actividad brutalmente contaminante, evasora de impuestos y, sobre todo, profundamente innecesaria. Pero los cruceros de lujo son simplemente un aspecto de la cuestión: ¿qué ocurre con las aerolíneas que ahora solicitan desesperadamente un rescate económico? ¿Realmente necesita el mundo tantas compañías, que además históricamente han invertido el importe de esos rescates en compras de sus propias acciones para elevar su cotización? ¿No sería más razonable vincular el rescate a que sean capaces de operar haciéndose cargo de la contaminación que generan, y obligándolas a reconvertirse a energías limpias, al menos para los vuelos domésticos? ¿No deberíamos intentar lo mismo, ahora que sabemos que es técnicamente posible, con las redes de transporte logístico? Incluso, llevando el tema más allá, hay voces que defienden que, aprovechando que las compañías petrolíferas han caído en su cotización, los estados se hagan cargo de ellas, para así gestionar su progresiva desaparición de la manera más razonable posible.

¿No deberíamos planificar una transición hacia trabajos que evitan el desplazamiento sistemático desde las casas a los lugares de trabajo, posiblemente apoyándonos en tecnologías como la realidad digital? ¿O aprovechar que nuestras ciudades están vacías para revisar su planificación, para pensar en formas de eliminar espacios dedicados al automóvil, y para posibilitar que nos podamos mover en ellas respetando una razonable distancia social, en lugar de restringidos a sus aceras?

Una sociedad madura es la que es capaz no solo de sobreponerse a una disaster, sino además, de aprender de ella y aprovecharla para responder a otra disaster mayor. Las generaciones más jóvenes se lo plantean así: si ellos deben cambiar sus hábitos para proteger a sus mayores de la pandemia, ¿qué hace que esos mismos mayores no sean capaces de cambiar los suyos para protegerlos a ellos y a su futuro en el planeta?

De la disaster del coronavirus saldremos más tarde o más temprano, con balances que dependerán fundamentalmente del nivel de liderazgo que el gobierno de cada país haya sido capaz de ejercer. Ahora lo traditional es ir pensando qué aprendizajes podemos destilar para enfocar mejor nuestra siguiente disaster.


This post is additionally available in English on my Medium online page, «There are traditional lessons we should be taught from the coronavirus disaster«





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