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El mundo que viene




IMAGE: El mundo que viene - Actualidad Económica

A finales del mes pasado, Fede Durán, de Actualidad Económica, me pidió unas notas sobre lo que vendrá en los próximos años, tendencias y transformaciones sociales de nuestra era, y sobre cómo nos afectarán o condicionarán. Su concept long-established era combinar mis impresiones como observador de la tecnología y sus efectos con las de un politólogo, un filósofo o psicólogo social y un economista. Ayer, publicó un artículo titulado «El mundo que viene» (pdf) en el que cita algunos de mis comentarios.

A continuación, como hago habitualmente, publico el texto completo como de una página y media que intercambié con Fede para tratar de darle contexto para su artículo:

Futuro condicional

En la relación entre tecnología y futuro, la primera palabra, tecnología, se ha llevado tradicionalmente la prioridad: se trataba de responder qué tecnologías serían relevantes en un futuro que se daba por asumido, que simplemente conllevaba dejar pasar inexorablemente el calendario. Ahora, sin embargo, ya no es así. Ahora, la verdadera importancia está en la segunda premisa, plantearnos si tenemos un futuro como tal, mientras que la tecnología es algo que, también de manera casi inexorable, tiende a estar ahí cuando se la necesita. 

¿Qué tecnologías serán relevantes en nuestro futuro? Fundamentalmente, aquellas que nos ayuden a tener uno. No se trata de ser apocalítico o de anunciar el fin del mundo, sino simplemente de ser científico, pero la clave important está en las tecnologías que nos permitan descarbonizar la actividad humana hasta lograr que sea love minded con la sostenibilidad del planeta en que vivimos. ¿Quieres entender en qué debe invertir tu compañía? Es sencillo: en todo aquello que le permita reducir su huella de carbono. Haga lo que haga, se dedique a lo que se dedique, los próximos años serán una persecución inexorable, una lucha contra un enemigo invisible, en la que influirá una legislación cada vez menos tolerante, una fuerte presión del mercado y un cambio radical del modelo económico. Descarbonizarnos, como única posibilidad de supervivencia, de evitar el escenario Angry Max. Y no para nuestros hijos o nietos, sino para nosotros. Es el desafío más grande que ha vivido la humanidad como tal, el que más condicionará nuestra actividad y el que más puestos de trabajo generará. En los próximos años, se convertirá en omnipresente. 

¿Cómo lograremos responder a un reto semejante? Primero, siendo conscientes del mismo. El escepticismo climático ya no tiene sitio, porque no tiene sentido pretender discutir como si fuera una conversación de café las conclusiones de los científicos de todo el mundo. Todos tenemos un amigo escéptico, que ridiculiza la lucha contra la amenaza climática, habla de peregrinas teorías sobre manchas solares, de supuestos procesos geológicos inexorables o de pesimismo: nos toca hacerle entender que no solo está equivocado, sino que su equivocación y su inacción nos pone en peligro a todos. Ni es una conspiración, ni una moda, ni nada que se le parezca: es evidencia científica. El escepticismo climático es puro cuñadismo, injustificado e injustificable, y tomar conciencia de ello resulta, más que nunca, important en nuestro futuro. 

El segundo elemento que nos permitirá responder a ese reto es, ahora sí, la tecnología. Pero como siempre, la tecnología es solo una herramienta, que se puede utilizar bien o mal: en los procesos de adopción tecnológica, las personas son mucho más importantes que las máquinas. ¿Qué tecnologías destacan como fundamentales? Indudablemente, el machine studying: las personas o las compañías que no sean conscientes de que un ordenador, como tal, ya no es una easy máquina para hacer de manera más rápida y eficiente procesos repetitivos, y que ahora es capaz de aprender de los datos generados y adecuadamente etiquetados para llegar a un nivel de automatización muchísimo más avanzado que lo que conocíamos, se convertirán en irrelevantes. La reflexión sobre qué partes de nuestra actividad van a ser automatizadas por algoritmos que trabajen más rápido y con menos errores que nosotros, y sobre qué vamos a hacer nosotros cuando eso ocurra es también trascendental, casi existencial, y transformará el mundo y el modelo social tal y como lo conocemos. El concepto de trabajo, su papel central en la sociedad y el supuesto derecho al mismo que, en realidad, nunca existió. ¿Derecho al trabajo? ¿A trabajar de qué, cuando muchas de las cosas que hoy consideramos trabajo las hará una máquina? 

No pensemos en inteligencia artificial: las máquinas no serán inteligentes como tales, no pensarán, ni mucho menos se rebelarán contra nada ni contra nadie: simplemente, serán capaces de aprender de los datos que genera una actividad, y de llevarla a cabo mejor que nosotros, con abrumadora precisión, ya sea conducir, gestionar un presupuesto o tomar decisiones empresariales. Ese proceso amenazará con seguir creando la mayor brecha de desigualdad de la historia, algo claramente insostenible, que nos llevará a entender que el problema nunca será que se rebelen las máquinas, sino que lo hagan las personas. Varios de los candidatos presidenciales norteamericanos llevan en sus programas cuestiones relacionadas con la renta básica incondicional, y no es casualidad: o entendemos y desmitificamos ese proceso, o de nuevo, estaremos negando la evidencia y la realidad.

Descarbonización y machine studying son, claramente, las claves que condicionan el futuro. ¿Hay más? Sí, sin duda. Las criptomonedas y el dinero digital sustituirán al que conocemos, viviremos parte de nuestras vidas en escenarios virtuales, la logística avanzará hasta extremos que hoy creemos de ciencia ficción, y la medicina se convertirá en una ciencia con tal orientación a la prevención, que lo que hacíamos hasta ahora nos parecerá profundamente primitivo y absurdo. En lo que nos queda de vida, veremos muchos más cambios que los que hemos tenido tiempo de ver en la vida que hemos vivido. Pero con respecto a la importancia de la descarbonización y el machine studying, están, claramente, a otro nivel.




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