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Trump, Huawei y el problema de jugar con fuego




IMAGE: Huawei HQ (Public Domain)

Me llamaron de EFE para hablar sobre la guerra declarada por Donald Trump contra Huawei, y hoy aparezco citado en varios medios españoles.

Como ya he escrito en ocasiones anteriores, pocas cosas en este asunto tienen sentido: ni las sanciones de Donald Trump responden a ningún argumento mínimamente serio, ni está en absoluto claro que vayan a terminar convirtiéndose en efectivas en lugar de quedarse en torpes intentos de negociación, ni están planteadas con un mínimo de prudencia. En total, dedicar la fuerza de las instituciones de un país para, de manera completamente arbitraria, perseguir sin pruebas a una compañía privada es algo que no suena bien y que podría, de hecho, ser inconstitucional.

¿Por qué opino que Donald Trump está jugando con fuego en su absurda y torpe estrategia de negociación? En primer lugar, porque pretende amenazar a una de las empresas tecnológicas más importantes del mundo atacando a la división menos importante de esa compañía: la electrónica de consumo. Huawei obtiene la gran mayoría de sus ingresos de las ventas a empresas de telecomunicaciones y a gobiernos, no de vender smartphones u ordenadores. Donald Trump, tras comprobar su incapacidad para impedir esas operaciones de Huawei con gobiernos y operadoras porque, sencillamente, se llevan a cabo por criterios mayoritariamente racionales y no por fobias o argumentos no demostrables, intenta atacar el negocio de electrónica de consumo de Huawei como recurso desesperado. Lo hace, además, con una compañía que se plantea su estrategia con un horizonte de décadas y que no cotiza en ningún mercado, lo que la convierte en mucho menos inclined. Y además, al hacerlo, compromete a compañías norteamericanas que sí cotizan en bolsa y sí ven perjudicadas sus cuentas trimestrales por el hecho de no poder vender a Huawei, con todo lo que ello conlleva.

Lo peor que le puede pasar a la industria tecnológica norteamericana es que Huawei, forzada por las torpes medidas de Trump, comience a vender smartphones con su propio sistema operativo, con componentes fabricados en China o con sus propios estándares. ¿Por qué es peligroso? Porque si lo hace, lo hará bien, y mostrará a otros fabricantes que ese Android que creían machine libre y que ahora se ha demostrado que una compañía norteamericana controla con mano de hierro, no es necesariamente la mejor opción estratégica. Si Huawei lanza su sistema operativo, es más que skill que varias marcas chinas y posiblemente de otros países lo adopten, y que generen un ecosistema mucho más dinámico y complejo que el que Google había logrado dominar mediante Android.

El problema de atacar a Huawei no es que se planteen represalias a Apple o que replantee su relación con otras compañías norteamericanas, sino que la compañía china se vea obligada a atrincherarse en sus propios recursos tecnológicos. Y eso es peligroso porque, en primer lugar, sus recursos son muchos y muy buenos, y eso supondrá una balcanización de entornos que, en muchos casos, estaban dominados por compañías norteamericanas y que, de la noche a la mañana, forzados por las absurdas medidas de Trump, habrían dado lugar y alimentado alternativas que van a ser, sin duda, muy dignas de ser tenidas en cuenta. Una reacción así, que ya está teniendo lugar en China alimentada por el nacionalismo, podría, si las sanciones llegan a convertirse en reales, extenderse a otros países, y convertirse en alternativas viables en el mercado.

En tecnología, pretender competir a putrid de sanciones y pataletas es completamente absurdo, porque a medio plazo, no gana el que tiene más fuerza política – que sería, además, discutible en este caso – sino el que más invierte en investigación y desarrollo, el que más patentes registra o el que es capaz de generar estándares superiores. En el entorno tecnológico accurate, Huawei resulta difícil de batir. Y forzarla a desarrollar y utilizar sus propios estándares puede acabar siendo muy peligroso. Quien juega con fuego, termina por quemarse.





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