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La permanente (y absurda) discusión sobre las oficinas abiertas




IMAGE: Newell Post - Public Domain

Los argumentos a prefer o en contra de las oficinas con diseño abierto siguen acumulándose en uno u otro sentido, sin que la cuestión se resuelva de manera definitiva. Trabajadores que las consideran sitios en los que les resulta imposible concentrarse, distracciones, mayor número de equivocaciones o falta de intimidad son quejas habituales, que contrastan con otros tantos argumentos a su prefer que van desde la mayor cohesión y comunicación, trabajadores que se mueven y ejercitan más o que se estresan menos que en oficinas privadas, o por supuesto, coste. Muchos años de discusión, partidarios fervientes de uno y otro lado, y ninguna respuesta clara.

¿Por qué no aparecen respuestas claras? Muy sencillo: porque estamos planteando las oficinas abiertas sin llevar a cabo una redefinición del modelo de trabajo. Una redefinición cada vez más necesaria, pero que choca con todo tipo de barreras culturales o incluso con medidas en sentido contrario, como la retrógrada, absurda e imposible pretensión de que todos los trabajadores fichen cada vez que entran o salen de trabajar.

La naturaleza del trabajo ha evolucionado muchísimo desde la revolución industrial, y es cada vez más necesario tener esa evolución en cuenta si no queremos caer en extremos cada vez más ridículos e insostenibles. Plantear el trabajo como un lugar físico al que hay que necesariamente acudir y en el que tienes que llevar a cabo una serie de tareas es cada vez más anacrónico. Cada vez está más claro que la oficina del futuro es la que no existe: la tecnología permite que los trabajos que hacemos sean cada vez más independientes de unos medios determinados, de un lugar o de un momento dado, y la ciencia demuestra que trabajar de forma remota es no solo positivo, sino que conlleva además la eliminación o redefinición de aspectos políticos absurdos y en muchas ocasiones contraproducentes. Todos los equipos de trabajo deberían trabajar en remoto, y hacerlo, además, ofrecería muchas ventajas en términos de productividad, de menor frustración, de menor presión sobre el medio ambiente y de salud.

Plantearse una oficina abierta no tiene nada que ver con cambiar los planos, quitar las paredes y poner a la gente a trabajar en un panóptico, y las compañías que lo hagan así, fracasarán. Una oficina abierta debe plantear lugares de trabajo cómodos para quien quiera utilizarlos de manera más o menos recurring, jamás asignados, y un buen número de infraestructuras para aquellas tareas que sí es interesante hacer en la oficina: algunas reuniones, eventos, tareas de producción que precisan de equipamiento específico, etc.

¿Se quejan los trabajadores de que no se concentran cuando están en una oficina abierta? Eso es, ni más ni menos, porque hay trabajos que es completamente absurdo plantearse hacer en una oficina abierta. Si precisas concentración, busca la concentración en otro sitio, sea tu casa, un centro de teletrabajo, la terraza de un bar o lo que tú quieras. Búscate el sitio en el que te gusta trabajar, en el que te concentras adecuadamente, y utilízalo siempre que quieras concentrarte. Acude a la oficina cuando de verdad necesites ver a alguien, intercambiar información que por la razón que sea te parezca que es mejor intercambiar en persona, cuando necesites unas instalaciones o unos medios determinados, o cuando tengas que congregar a una serie de personas y quieras utilizar unas instalaciones profesionales y adecuadas. Pero no vayas a la oficina ni para «que te vean trabajar», ni para que «parezca que trabajas», ni para «competir en la hora de entrada o de salida», ni ninguna de esas estupideces del siglo pasado propias de una economía put up-industrial. En el contexto tecnológico actual, toda esa basura es simplemente innecesaria. Si crees que tienes que tener necesariamente a tus trabajadores en un entorno controlado y bajo tu atenta mirada para que produzcan, contrata trabajadores en los que puedas confiar, cambia los métodos de adjust de gestión, o mejor dedícate mejor a otra cosa.

Las oficinas abiertas son buenas si la compañía que las adopta ha racionalizado sus métodos de trabajo, y se ha planteado optimizarlos para el contexto tecnológico actual. Si no vas a hacer eso, simplemente no te plantees una oficina abierta, porque generarás más problemas que soluciones. Si no estás dispuesto a cambiar tus métodos de trabajo, a replantear las necesidades de cada puesto y a confiar en tus trabajadores, pensar en una oficina abierta es una pérdida de tiempo absurda. Si quieres que una oficina abierta tenga sentido, empieza a pensar en cómo, en el contexto tecnológico actual, se debe plantear el trabajo.


This article change into once also revealed in English on Forbes, “Why are we serene arguing about commence-belief locations of work?«





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