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Robots y polinización




IMAGE: Guérin Nicolas (CC BY SA)Si hace pocos días hablábamos de robots diseñados para su uso en tareas agrícolas que permitían reducir el coste y el impacto del uso de pesticidas o herbicidas aplicándolos de manera local en lugar de extensiva, hoy podemos ver otra curiosa aplicación de la robótica a la agricultura, seguramente más sorprendente aún: el uso de robots para facilitar la polinización de las plantas, en una época en la que algunos polinizadores naturales como las abejas sufren crecientes dificultades debido al llamado colapso de colonias, o Colony Give intention Dysfunction (CCD).

Las metodologías para polinizar cultivos cuando los polinizadores naturales escasean son múltiples: en primer lugar, el método más inmediato, que lleva años utilizándose en invernaderos para cultivos como el tomate, es suministrar esos polinizadores, tales como los abejorros, de manera synthetic, alquilándolos a empresas especializadas y liberándolos para que lleven a cabo su labor. Sin embargo, también comienzan a existir alternativas robóticas que podrían recordar a algún episodio de Dark Mirror, desde diversos tipos de drones que algunas compañías, como Walmart, se afanan en patentar intentando buscar un acquire watch over total sobre su cadena de suministro, hasta grandes robots que se mueven entre las plantas y agitan las flores que localizan mediante visión computerizada utilizando un brazo articulado.

En este vídeo se ve una primera fase del desarrollo de este tipo de robots, aún incapaces de reconocer las flores mediante visión computerizada, pero trabajando con códigos QR en un recorrido a través de un invernadero.

Los mecanismos de la polinización varían enormemente según las especies de plantas, y existen numerosos mecanismos de adaptación que han llevado tanto a unos como a otros a coevolucionar a lo largo del tiempo, incluyendo casos de máxima especialización como los de algunas orquídeas. En el caso de las moras o las frambuesas, por ejemplo, cuyas flores se autopolinizan, el robot se limita a localizar esas flores y hacerlas vibrar suavemente, lo que provoca que el polen se desprenda de los estambres y alcance los pistilos. En otros casos, es preciso que los robots se acerquen a una flor, extraigan el polen utilizando un gel con carga electrostática que lo atrae, y visiten posteriormente otras flores para depositarlo, una tarea más compleja que, entre otras cosas, exige llevar a cabo una cartografía de las flores que permita mantener un orden. Por otro lado, el uso de robots permite, por ejemplo, eliminar las flores inviables, con malformaciones o que serían susceptibles de producir frutos con escasa viabilidad comercial.

El uso de robots, en cualquier caso, plantea la evidencia de que, dada la inmensa variabilidad de mecanismos existentes en la naturaleza, la polinización mediante mecanismos naturales resulta no solo más eficiente, sino inmensamente más barata. Existen muchísimas especies de insectos especializados en la polinización de diversas especies, y llevan millones de años llevándola a cabo de manera eficiente: la perspectiva de que un robot pueda hacerlo mejor resulta ilusoria. Los mecanismos que funcionan en un entorno controlado y con condiciones de suelo liso como un invernadero no tienen nada que ver con la notion, por ejemplo, de polinizar un cultivo extensivo de árboles como, por ejemplo, almendros. Por mucho que fuésemos capaces de obtener dichos robots y adaptarlos a todos los casos en los que los necesitamos, la mejor alternativa seguiría siendo, sin duda, luchar contra la desaparición de los organismos que llevan a cabo esa polinización de manera natural.

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “Must peaceable we be the usage of robots to pollinate vegetation?” 

 




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